La empresa Fasotec, de Japón, presentó una tecnología que combina un ecógrafo 3D, con una impresora 3D. De esta forma, obtienen un modelo a escala real y tridimensional de un niño que aún no ha nacido.
Lo ideal es realizar la impresión 3D del feto a los ocho meses, cuando el pequeño ya tiene todos los rasgos faciales bien desarrollados. Eso fue lo que hizo la japonesa Kyoko Ayzaka, la primera mujer que probó el invento. En Japón, el costo de una réplica de bebé costará 500 dólares.
Según sus desarrolladores, las impresiones podrán utilizarse para diagnósticos preventivos y para prácticas quirúrgicas, ya que la precisión es altísima. Así, los médicos podrían replicar un órgano para practicar una operación compleja antes de entrar en el quirófano y enfrentarse con el órgano real.
Me parece que para usos medicos sera sin duda una excelente opcion y tambien nos ayudara a ver mejor como esta formado nuestro bebe antes de que lo tengamos en nuestros brazos.
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